Voluntariado

04-02-2014

A corazón abierto

Entre 1999 y comienzos de 2013, más de 140 voluntarios han dejado -y se han llevado- una huella imborrable en su paso por nuestro Centro Comunitario. En estos años hemos recibido 80 españoles, muchos de Argentina y algunos de Uruguay, México, Italia, Francia, Inglaterra e Irlanda.

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Han llegado voluntarios médicos, psicólogos, educadores, empleados, jubilados, estudiantes, controladores aéreos etc. pero mas allá de su profesión, los voluntarios se presentan con una mochila llena de entusiasmo y el deseo de sentirse útil en un medio tan diferente al que han dejado, donde viven su día a día.

Al llegar, el voluntario se encuentra con niñas, niños, niñas y… más niños, con su cariño y su sonrisa, a pesar de vivir en un entorno de grandes necesidades. Encuentra en el Centro gente trabajando en armonía y rápidamente tiene la posibilidad de insertarse en la actividad en que mejor pueda servir. Cuenta con una casa, comidas básicas y una bicicleta.

Qué puede dar Su experiencia profesional. Buenos modales, afecto, respeto en el trato. Los voluntarios se convierten en modelos que son muy observados. El regalo de su tiempo y su persona. Se admira su gratuidad sin condiciones. Una mirada nueva que nos ayuda a mejorar o implementar nuevos Proyectos. Material educativo y lúdico.
Qué puede recibir: Sonrisas y un tsunami de muestras de cariño. Un mensaje de esperanza. Una vivencia de Dios, descubrirlo a partir del encuentro consigo mismo y una realidad que interpela. Ilusión por la vida. El sentido de la propuesta del Centro Comunitario. Una experiencia inolvidable donde se ha sentido querido y valorado.

Qué dejará: Un recuerdo imborrable. Lo que hicieron, lo que hablaron, lo que mostraron, se convierte en un modelo. Sus aportes materiales que se aplican en educación y en los juegos. Gente curada, niños con más formación, otros más nutridos, personas caminando, niños hablando… Un nuevo horizonte, una apertura al mundo. Un vocabulario más rico.

Qué se llevará: Una mochila llena de recuerdos y gasolina para seguir caminando. Algunos sentimientos encontrados. Una vocación o una forma de enfocar la vida. El servicio al prójimo como fuente de inspiración. Un despertar de la sensibilidad religiosa de una manera nueva. Mucha paz interior, sentirse muy querido y una sencillez que hace más fácil vivir el evangelio de Jesús.

El sentirse inmensamente útil y que es posible transformar la realidad con un proyecto educativo integral.